Thursday, July 14, 2011

Puntos suspensivos

Las experiencias de la vida lejos del lugar al que uno le tocó pertenecer cambian todos los días de sentido. El viaje hacia los significados verdaderos de los nuevos sitios que se habitan parecen jugarnos un truco en el cual cada vez que parecemos más cerca descubrimos un nuevo camino que nos hace falta recorrer, mientras que también nosotros variamos adentro con una velocidad tal que por momentos tenemos la fantasía de estar en caída libre.



Quería dejar un testimonio, simplemente, de la sensación de infinitud, incertidumbre, libertad y sorpresa que vivir fuera parece dejarnos de forma sempiterna, incluso si tenemos mucho tiempo haciéndolo.



No hay verdades a las cuales llegar. Sólo fotos imprecisas. La desazón y la esperanza de que cada día una nueva sorpresa llegue. En tanto, seguimos impávidos, sin gravedad, flotando en el asombro, viendo que el destino que intuíamos nos pertenecía y que un día salimos a buscar, es engañoso, a veces parece a la vuelta de la esquina, otras veces parece estar en el lugar del que salimos, y muchas veces desaparece dejándonos en el vacío.

Saturday, July 2, 2011

Los amigos

Sólo cuando han pasado 30 años y uno no tiene cerca a los de siempre, se hace notorio que hacer amigos carnales no es tan fácil como cuando uno vivie en la misma jungla, comparte los mismos recuerdos, el mismo entorno, el mismo universo y los mismos cuentos.
Uno nunca deja de extrañar a sus amigos de siempre y, sin embargo, hay algo que ellos se están perdiendo en nuestra vida enajenada de lo que sólo pueden dar fe los amigos nuevos: esos que han tenido que contar de cero su historia y escuchar la nuestra, pero que en realidad saben poco del pasado de uno, por mucho que se esfuercen, y se conforman con la posibilidad de compartir un rato, el presente, sin que las conexiones las haya regalado la providencia, con tal de escuchar y ser escuchados.
Y eso tiene un gran valor.
Para nosotros que la vida amistosa (como la familiar y toda la que implique intercambio de afectos) es protagónica, tener amigos, en una tierra donde la amistad no vale nada, es como haber logrado reproducir a pequeña escala uno de los recursos naturales de nuestra cultura. Es como poder tener petróleo en la casa.
La vida queda escindida, eso sí. Hay panas que te conocen hasta el tuétano y siguen siendo tus amigos a pesar del tiempo y la distancia (los verdaderops amigos) y cuando les hablas al teléfono y les cuentas de algo que pasa en tu vida debes hacer una abstracción tan grande para que entiendan su significado que el cuento se disminuye o pierde sentido.
Es lo mismo con los amigos nuevos: si uno quiere contarles un recuerdo, los antecedentes son tan jodidos que cuando llega el cuento el esfuerzo ha perdido sentido.
A juzgar por los amigos uno es varias personas.
Lo importante es que haya. Donde estén uno los quiere.
Habría que juntarlos. Pero es difícil unir tiempo y espacio. O ya estarán unidos en la vida de uno?

Tuesday, June 28, 2011

Encrucijadas

A muchos no les pasa igual. Cuando las cosas se ponen chiquitas, agradecen estar lejos. Puede que a mí me guste el sufrimiento. Mientras mayor es la crisis, más se me enciman las ganas de regresar a mi país. La comodidad de mi presente se me hace incómoda... es difícil de explicar. Puede parecerse a cuando un hijo está enfermo, uno puede saber que el tratamiento que se le aplica es el correcto, pero eso no basta. Uno no descansa hasta estar a su lado, midiendo uno la fiebre. Puede que la comparación ayude. O no.

No es que el país de uno sea como un hijo, ni de vaina. Mucho menos una madre. A la cultura de la que uno proviene tiene uno mucho que agradecerle pero también mucho que maldecirle. No es como a la madre y a los hijos que uno los quiere perdonar. Nacer en x o y es un accidente, es cierto. Pero es un accidente ineludible que, al menos a mí, no se me da cortar, ni tengo la más mínima intención de botar por la basura.

En tanto, mi vida presente me exige de toda la energía -o del doble, más bien, que es lo que toca a los ajenos- para echarla a andar. Para que el día a día tenga algún rebote en algún mañana. En el trabajo, en la cotidianidad con mi esposa, en la gente que voy conociendo en oficinas, en el trato que le doy a mis hijos, en lo que les planifique para que se vayan educando.

El tiempo va pasando y la inercia del futuro se va construyendo. Mi extranjería comienza a tener mayúsculas. Empiezo a ser un extranjero con capitulares, graduado, conocedor de la extranjería. La incomodidad del extranjero comienza a convertirse en mi zona de comfort, qué paradoja.
Y no me doy cuenta, hasta que ocurre una crisis. Hasta que Chávez se enferma, llegan las elecciones o las apuestas están por perderse. Entonces mi pasado se convierte en lo único que me importa. El sentido del tiempo y las prioridades se reordenan en una cápsula que es mi vida, y las calles de Miami y las declaraciones de Obama significan lo mismo que para un suizo que no ha salido de un pueblo nevado de Los Alpes, para un africano analfabeto, para un maorí renegado.

Ser extranjero es un remedio peligroso. Si uno sintió en algún momento que no pertenecía a su país, menos va a lograr pertenecer a un lugar en el que no creció. Es como querer echar raíces desde las ramas. Pero el sfuerzo hay que hacerlo. Si no entiendes, lees, escuchas y te informas sobre el lugar que habitas, estás perdido.

Pero eso, por difícil que se escuche, es un viaje formidable. Adictivo. Un viaje que se reproduce en sueños de otros viajes. Navegar y atracar. Navegar y atracar. Hasta que llega de nuevo una crisis y nada importa. Sólo importa la casa. La primera casa. La única que aparece en los sueños imprevistos.

Lejos, pero cantando

Un lenguaje que viaja y se mantiene incólume cuando uno empieza a habitar este tiempo sin tiempo que es el destierro (donde lo que importa está lejos y lo que está cerca tiene escasas significaciones) es la música. La buena música subsiste. Dice muchas cosas y sus ritmos, intrumentos, melodías, texturas y ánimos trascienden la historia y la geografía.
Puedo salir a correr en las calles del Southwest o subir el cerro Avila y allí una estrofa de Sting, un adagio de Mozart o una queja de la Venegas tener el peso poético que tienen desde que, como música, fueron conebidas. Hay una conexión entre la música y los seres humanos que vence los contextos, la enajenación, los pasaportes.
Un buen vino o una buena mesa, una preocupación o un descanso laboral, una mañana o un simple hastío, pueden ser siempre bien acompañadors si la música es buena. Si es jazz tradicional o standard de New Orleans, si es música galesa o salsa brava es cuestión de la predilección de quien pulsa play, la música como tal, si es buena, sobrepasa el lugar donde te encuentres, no importa si te sientes propio o ajeno, triste o envalentonado, si estás ilegal o te sientes preso. La música te pertenece.

Thursday, June 16, 2011

Categorías arbitrarias

Hay ciudades que parecen infinitas, y otras que simplemente faltan por conocer. En esta arbitrarísima categoría que sólo un extranjero puede tomar por cierta, Londres, por ejemplo, siempre me pareció una ciudad infinita, pues contiene, me parece, me hace sentir, millones de historias de gentes y lugares en su explanada y enorme extensión, para contarle a sus transeúntes.

Miami, en cambio, me parece que tiene mucho por conocer. Es un lugar lleno de secretos y espacios que el turista común no es capaz de localizar, impresionado por sus tiendas. Pero al conocerlos, es poca la sustancia que sus anécdotas tienen para contarnos. Será su juventud o su afán por venderlo todo antes incluso de que exista, o que el sol es tan fuerte que evapora todo, pero Miami parece siempre una ciudad liviana, sin demasiado para preocuparse o inquietar a los demás.

La sensación que me da Londres, también me la da Caracas. Los edificios, las zonas abandonadas, los bares y las avenidas contienen historias de millones de intenciones densas, amorosas o desafortunadas que sus habitantes han tenido habitando accidentalmente sus aceras y baldosas.

Pero no es una sensación que me dé Amsterdam, por ejemplo, que habiendo conquistado la actual Nueva York o visto nacer a Van Gogh no parece muy preocupada por sellar su existencia con sus anécdotas y, por el contrario, prefiere manejar bicicleta y rezar porque todo pase más ligero con el aroma de la marihuana.

Los Ángeles, con todo y su vida de autopistas, es una ciudad en la que, sobre todo los orientales, han acumulado muchas hermosas historias.

Orlando debería preguntarse si acaso es una ciudad. El viejo San Jaun podría prestarle algo.

A Buenos Aires le sobran historias. Ni hablar del DF. En cambio Bogotá lucha por terminar de asentar un misterio histórico que a la humilde Cartagena (porque en Cartagena hay la pobreza rampante, ese no es el problema) tiene de más.

Las ciudades y los hombres se entienden a su antojo, y con el tiempo (el poco o el mucho tiempo que convivan) logran o no, entablar ciertos lazos de comunicación que les producen unas relaciones específicas.

Siempre son arbitrarias, y a la vez, inútiles y inocuas estas calificaciones. Como mucho de lo que es fruto de la experiencia del extranjero. Pero está ahí esa relación. Diletante y enlistada al tiempo, para mañanas como la de hoy, en la que me gustaría estar en Juangriego tratando de obviar el supuestamente gracioso discurso de un niño margariteño y observar el mar, o aquí mismo, en este balcón desierto que es Miami, escribiendo lo que escribo.

Tuesday, June 14, 2011

Poema robado

And, while the sky grows dim and dimmer,
Feel no untold and strange distress­
Only a deeper impulse given
By lonely hour and darkened room,
To solemn thoughts that soar to heaven,
...Seeking a life and world to come.
Charlotte Bronte.

Monday, June 13, 2011

En blanco

Hay días en lo que todo parece suspendido. Los significados parecen rodados y los significantes no parecen ser lo que son usualmente. Uno se pregunta si uno es de aquí, de otro lugar, de ninguno o de uno que no conoce y, por supuesto, no tiene respuestas.
Hay días en que todo parece mentira.