Hay días en lo que todo parece suspendido. Los significados parecen rodados y los significantes no parecen ser lo que son usualmente. Uno se pregunta si uno es de aquí, de otro lugar, de ninguno o de uno que no conoce y, por supuesto, no tiene respuestas.
Hay días en que todo parece mentira.
Monday, June 13, 2011
Saturday, June 11, 2011
Ninguna palabra pierde más significado después que uno ha movido su eje de traslación que la palabra futuro. Ya normalmente es una entelequia, pero la gente suele imaginar y proyectar lo que será de su vida con los símbolos del entorno que conoce.
Cuando eso cambia, y todo resulta nuevo, y uno no sabe ni cuáles serán sus gustos ni sus disgustos, ni cómo reaccionará, debe reaccionar o va a reaccionar frente a lo que le rodea, el futuro se hace apenas un juego, la ciencia más especulativa, una verdadera incertidumbre.
Cómo saber lo que pasará en unos años en un ambiente en el que estamos en permanente descubrimiento?
Puede ser frustrante, pero también es divertido. Es una de esas paradojas clásicas que vienen con la libertad. Que, por cierto, esa es otra palabreja que se vuelve escurridiza.
Cuando eso cambia, y todo resulta nuevo, y uno no sabe ni cuáles serán sus gustos ni sus disgustos, ni cómo reaccionará, debe reaccionar o va a reaccionar frente a lo que le rodea, el futuro se hace apenas un juego, la ciencia más especulativa, una verdadera incertidumbre.
Cómo saber lo que pasará en unos años en un ambiente en el que estamos en permanente descubrimiento?
Puede ser frustrante, pero también es divertido. Es una de esas paradojas clásicas que vienen con la libertad. Que, por cierto, esa es otra palabreja que se vuelve escurridiza.
Wednesday, June 1, 2011
Did she mean it?
No lo sé. La señora, con sus ojos azules, sus lentes, su piel blanca arrugada, y su educado semblante, me deseó las buenas tardes en inglés, "have a good one", me cobró, abrió la bara que me permitiría salir del peaje y reincorporarme a la autopista, y me sonrió.
Me sonrió, sí, me sonrió. No es frecuente. Pero la verdad es que no sé si me sonrió sinceramente o por trámite. Si era una sonrisa de alguien que hacía su trabajo con cariño o era una sonrisa de librito.
Parece una tontería, un detalle que sólo alguien con ganas de enredarse nota. Pero es que su sonrisa no es usual en un paraje de cobranzas viales. Aunque, a decir verdad, no fue que lo sentí como para decir "qué cariñosa la señora". Quizás fueron sus años: por tratarse de una señora mayor me inspiró cierta ternura y... no, recuerdo no me produjo, no tengo una señora tan blanca, ni tan de ojos azules que recordar.
Sólo me faltaría indagar en su mirada. La sostuvo apenas, es la verdad. Me miró de frente y a los ojos, pero no más de un segundo quizás. Dos a lo sumo.
No, no creo que haya sido especialmente cariñosa. Debo haber sido simplemente el conductor número 482 de la tarde al que le correspondía su sonrisa también 482.
O quien quita que sí. Que a los 482 nos haya sonreído cariñosamente y que hasta ahí ella sepa o pueda expresarlo, como sucede en esta cultura.
Me sonrió, sí, me sonrió. No es frecuente. Pero la verdad es que no sé si me sonrió sinceramente o por trámite. Si era una sonrisa de alguien que hacía su trabajo con cariño o era una sonrisa de librito.
Parece una tontería, un detalle que sólo alguien con ganas de enredarse nota. Pero es que su sonrisa no es usual en un paraje de cobranzas viales. Aunque, a decir verdad, no fue que lo sentí como para decir "qué cariñosa la señora". Quizás fueron sus años: por tratarse de una señora mayor me inspiró cierta ternura y... no, recuerdo no me produjo, no tengo una señora tan blanca, ni tan de ojos azules que recordar.
Sólo me faltaría indagar en su mirada. La sostuvo apenas, es la verdad. Me miró de frente y a los ojos, pero no más de un segundo quizás. Dos a lo sumo.
No, no creo que haya sido especialmente cariñosa. Debo haber sido simplemente el conductor número 482 de la tarde al que le correspondía su sonrisa también 482.
O quien quita que sí. Que a los 482 nos haya sonreído cariñosamente y que hasta ahí ella sepa o pueda expresarlo, como sucede en esta cultura.
Thursday, May 19, 2011
La libertad del loco
Pero la diferencia de códigos no sirve sólo para no conseguir lo que uno busca sin querer. Esta libertad no escogida que significa tener una lectura propia y no ajustada al conexto del lugar donde uno vive, también puede ser divertida, o incomprensible, generar malentendidos, conjuntos vacíos. Un mundo dentro de otro mundo o, en todo caso, mundos paralelos.
Es la libertad del loco, que nadie comprende por lo que ríe o por lo que llora, pero que sus razones tiene, aunque no puedan ser leídas por los códigos de lo que le rodea.
Es la libertad del loco, que nadie comprende por lo que ríe o por lo que llora, pero que sus razones tiene, aunque no puedan ser leídas por los códigos de lo que le rodea.
Wednesday, May 18, 2011
Peras en el olmo
Ayer , por ejemplo, estuve por alguna razón más casual que planificada en una oficina laboral para hacer un trámite. En ella esperaba encontrar gente conocida que tenía tiempo sin ver, con la que seguramente hablaría de temas cordiales mientras hacía mi diligencia, pero me fui con una sensación de vacío que me asaltó imprevistamente.
Bien parece que tanta exigencia de correctitud política, miedo a todo cuanto pueda comprometer con la legalidad, y el exceso de actitud productiva que exigen los lugares e trabajo por aquí (no tengo tiempo sino para trabajar), hacen que cualquier ser humano sea capaz de convertirse en estos mundos en un robot simpático. Cordial, educado y siempre en etiqueta, pero inexpresivo. Nada de lo que se pueda sospechar, intuir o interpretar una segunda lectura. Ningún mensaje que no sea planeado. Mucho menos una expresión de afecto.
Entonces, ido, afectado y extrañado, me diagnostiqué y al mismo tiempo inquirí: por qué estaba esperando yo que alguien me echara un chiste, me pegara un abrazo o me diera una pista sobre lo que iba a ocurrir con el proyecto que manejo con esa oficina? Acaso el que a la gente de allí la conozca tiene que significar algún tipo de afecto? La respuesta en esa y en todas las oficinas de esta ciudad son la misma. La gente por aquí vive para trabajar. Lo demás es secundario. Mucho más en el ambiente de trabajo. Soy yo el que después de 10 años todavía espera peras en el olmo.
Bien parece que tanta exigencia de correctitud política, miedo a todo cuanto pueda comprometer con la legalidad, y el exceso de actitud productiva que exigen los lugares e trabajo por aquí (no tengo tiempo sino para trabajar), hacen que cualquier ser humano sea capaz de convertirse en estos mundos en un robot simpático. Cordial, educado y siempre en etiqueta, pero inexpresivo. Nada de lo que se pueda sospechar, intuir o interpretar una segunda lectura. Ningún mensaje que no sea planeado. Mucho menos una expresión de afecto.
Entonces, ido, afectado y extrañado, me diagnostiqué y al mismo tiempo inquirí: por qué estaba esperando yo que alguien me echara un chiste, me pegara un abrazo o me diera una pista sobre lo que iba a ocurrir con el proyecto que manejo con esa oficina? Acaso el que a la gente de allí la conozca tiene que significar algún tipo de afecto? La respuesta en esa y en todas las oficinas de esta ciudad son la misma. La gente por aquí vive para trabajar. Lo demás es secundario. Mucho más en el ambiente de trabajo. Soy yo el que después de 10 años todavía espera peras en el olmo.
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